La gente es bastante buena ocultando cómo está, incluso ante sí misma. Pero las elecciones musicales suelen cambiar antes que las palabras, el tempo se ralentiza, una canción suena en bucle, o no suena nada.
Eso es porque la música es más una reacción automática que una elección consciente. En un mal día no decides realmente qué reproducir, tu mano va directa a cierta canción sin pensarlo.
Echar un vistazo de vez en cuando a tu propio historial de escucha funciona como un espejo. Si ha sido una semana con las mismas canciones pesadas en bucle, eso suele decir algo que tus palabras aún no han llegado a decir.
