Menciona una rutina nocturna y la gente se imagina enseguida una lista larga, cuidado de la piel, lectura, meditación, todo a la vez. Empezar con tanto suele abandonarse en pocos días.
En realidad, basta con un paso fijo. Algo tan simple como bajar las luces a la misma hora cada noche, con el mismo sonido, empieza a enviarle a tu mente la señal de que el día se está cerrando.
Una vez que ese paso se asienta durante unas semanas, añadir otros se vuelve mucho más fácil, porque ahora hay una base estable sobre la que construir.
