Incluso trabajando desde casa, cerrar el portátil no significa que el trabajo también se cierre en tu mente. Una tarea sin terminar o un mensaje sin responder sigue corriendo en silencio de fondo.
Por eso el "ritual de cierre" que recomiendan algunas empresas realmente funciona: pasar tres a cinco minutos al final del día anotando lo que queda para mañana, y luego cambiar algo deliberadamente, apagar una luz o cambiar el sonido de la habitación.
Ese pequeño ritual le dice a tu mente que el día ha terminado. Simple, pero es la diferencia real entre sentirte descansado por la noche e intentar dormirte con el trabajo todavía en marcha.
