La siesta de veinte minutos sí ayuda de verdad, pero la ventana es estricta. Despiértate entre quince y veinte minutos y habrás evitado el sueño profundo por completo, saliendo de ella genuinamente renovado.
Pasa de treinta minutos y tu cuerpo empieza a deslizarse hacia el sueño profundo, y despertar de ahí produce esa sensación pesada y aturdida conocida como inercia del sueño. Algunos días eso te deja sintiéndote peor que antes de la siesta.
Lo que a mí me funciona es poner una alarma antes de tumbarme, y hacer la siesta en una habitación en penumbra en vez de oscuridad total, con un sonido constante de fondo. Despertar antes de que la mente se apague del todo marca una diferencia real a mitad del día.
